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martes, 17 de septiembre de 2013

Historia de Chile: La Independencia de Chile. Resumen del Periodo 1810-1830: La lucha por la Independencia

En el mismo mes de la independencia de Centroamérica, se celebra la independencia de la república de Chile, SERPROTUR TRAVEL NETWORK, les invita a conocer un poco más de este proceso histórico de la hermana República de Chile.


Retrato de Bernardo O'Higgins. Pintura: Gil de Castro.


Historia de Chile: La Independencia de Chile.
Resumen del Periodo
1810-1830: La lucha por la Independencia

La disolución del Estado Imperial español a partir de 1808, provocó la primera y más grande crisis política de la historia de Chile. Esta se prolongó desde ese año hasta 1830, cuando se logró establecer un ordenamiento político más o menos definitivo. Así, en un total de 22 años, Chile dejó de ser una colonia y pasó a ser una República independiente que empezaba a organizarse.

La complicada situación que España vivía en la Europa convulsionada por la Revolución francesa, tuvo un punto cúlmine en la ursurpación del trono español por parte de Napoleón Bonaparte y la posterior entronización como Rey de José I, hermano del Emperador francés.

Reacción ante la crisis en España

Ante la invasión y también ante la inoperancia de las autoridades e instituciones establecidas, el pueblo español se levantó en armas y buscó sus propias formas de organización. Surgió así una multitud de Juntas de Gobierno que posteriormente se unieron en la Junta Central Gubernativa, que tuvo su sede en Sevilla. A inicios de 1810 esta se disolvió, dando lugar al Consejo de Regencia y posteriormente a las Cortes Extraordinarias de Cádiz.

Si bien es cierto que la primera reacción de los chilenos ante la prisión del Rey Fernando VII fue de la más absoluta lealtad, en Chile la desarticulación del Imperio español se conjugó con una crisis local. Los hechos ocurridos en el país a partir de 1808 —que tuvieron como principales protagonistas al Gobernador Francisco Antonio García Carrasco y al Cabildo de la capital— fueron marcando la ruta hacia la autonomía.

Primeros ensayos de gobierno

En Chile, la aspiración de autonomía frente al Imperio español dio un gran paso adelante con la constitución de la Primera Junta de Gobierno, en septiembre de 1810. Este movimiento, que originalmente planteó la idea de la defensa de los derechos del Rey cautivo, poco a poco fue derivando en una Revolución de Independencia. Dicho movimiento perseguía cortar los lazos existentes con España y asentar firmemente el derecho de los chilenos a gobernarse por sí mismos.

Durante la Patria Vieja (1810-1814) se hicieron varios ensayos de gobierno republicano y los hechos fueron planteando, cada vez con más urgencia, la necesidad de contar con un ordenamiento político que definiera con claridad lo que se proponía el movimiento.

Los más radicales planteaban la necesidad de una ruptura con España. Un importante papel en esta realidad política le cupo a José Miguel Carrera, quien a través de sus golpes de Estado fue guiando la Revolución hacia esta meta. Esos mismos años fueron los que presenciaron el inicio de las hostilidades militares.

Las autoridades virreinales de Lima vieron con creciente preocupación el curso de los hechos que se producían en Chile y en 1813 decidieron que había llegado la hora de actuar militarmente. Si no lo hicieron antes —tal como había ocurrido con otros movimientos revolucionarios como los de Quito, el Alto Perú y Buenos Aires— se debió a los profundos vínculos económicos que existían entre Perú y Chile. Estos obligaban a esperar el momento más preciso para ordenar una invasión, sin provocar grandes daños al comercio entre ambos territorios.

Restauración de la Monarquía

Desde el Perú salieron consecutivamente tres expediciones militares, comandadas por Antonio Pareja, Gabino Gaínza y Mariano Osorio, que finalmente lograron —gracias a la división provocada entre los revolucionarios chilenos por el tercer golpe de Estado de José Miguel Carrera, originado por su rechazo a las cláusulas contenidas en el Tratado de Lircay— reincorporar el país a la Monarquía, entre 1814 y 1817.

Las autoridades realistas se esforzaron por borrar los vestigios que quedaban de la Revolución: las instituciones creadas en el período anterior fueron clausuradas, al paso en que se restablecían las más antiguas. Se impuso el antiguo régimen y se adoptaron una serie de medidas que tendían a consolidar lo ya logrado.

Mientras tanto, en Mendoza, Bernardo O’Higgins y el general José de San Martín trabajaban arduamente en la formación del Ejército de los Andes, la fuerza militar que alcanzaría la victoria en la cuesta de Chacabuco el 12 de febrero de 1817.

Este triunfo significó un duro revés para los realistas, pues solo quedaron algunos focos de resistencia en el Sur del país, los que con el correr del tiempo serían reducidos. Si bien la República parecía imponerse, esto no era un hecho seguro. En cualquier momento podría presentarse una nueva fuerza monarquista. Así ocurrió a principios de 1818, cuando nuevamente arribó a Chile el general Mariano Osorio y estuvo a punto de lograr la victoria. Por fortuna para los revolucionarios, se le pudo detener en la Batalla de Maipú el 5 de abril de 1818.

Fin de una etapa

Según los planes del general San Martín, era necesario llevar la lucha militar al Perú, pues de lo contrario nada de lo logrado podría considerarse seguro. Los esfuerzos realizados para formar el Ejército Libertador y la Escuadra Nacional dieron los frutos esperados en 1821. Ese año San Martín pudo proclamar la Independencia del antiguo virreinato.

O’Higgins se concentró en las labores del gobierno del país. Su idea era provocar una profunda transformación en la sociedad, la cultura, la economía y la política nacional. Múltiples iniciativas reformadoras se fueron haciendo realidad. Sin embargo, O’Higgins debió enfrentar al tradicionalismo que se encarnó en la aristocracia, lo que lo llevó a renunciar al cargo de Director Supremo en enero de 1823 y partir al exilio en Perú. Una nueva etapa se abrió entonces: la de la Organización nacional.

Tras la abdicación del Libertador, se produjo un período en el cual el país buscó su mejor forma de organización. Para ello se experimentó con distintas fórmulas políticas que fueron fracasando una tras otra, al igual que los textos constitucionales y legales que les daban vida. Así fue como se promulgó la Constitución Moralista, de Juan Egaña (1823); el ensayo federal propiciado por José Miguel Infante; y luego se aplicó la Constitución Liberal de 1828, obra de José Joaquín de Mora. Finalmente, en 1829 estalló una revolución encabezada por los sectores conservadores, que pudieron tomar el poder e imponer el orden que posteriormente sería consagrado por la Constitución de 1833.

jueves, 12 de septiembre de 2013

PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA CENTROAMERICANA. PRESBÍTERO NICOLÁS AGUILAR Y BUSTAMANTE


Nicolás Aguilar y Bustamante

Nació en el cantón La Fuente, jurisdicción de Tonacatepeque, el 16 de diciembre de 1742, como primogénito del enlace matrimonial de Isabel de Bustamante y Nava (1716-7.febrero.1800) y del capitán Manuel Aguilar y de León (1710-1772), primo hermano del presbítero y doctor José Matías Delgado.

Además de los otros dos futuros sacerdotes y próceres independentistas, Vicente y Manuel, este matrimonio también fue el origen de Ana Petrona y Mónica, quienes años más tarde contrajeron respectivas nupcias con Domingo Antonio de Lara y Mongrovejo y Francisco Durán. Ana Petrona falleció en noviembre de 1784 y su esposo la siguió a la eternidad en enero de 1797. Su gesta libertadora fue continuada entonces por sus hijos Mariano Antonio (¿Cuscatancingo?, febrero de 1774-¿Olocuilta?, 13.agosto.1843), Antonia Inés (¿?-marzo.1844. En 1800 contrajo matrimonio con el coronel, alférez real, corregidor y alcalde vicentino Rafael de Molina y Cañas) y Domingo Antonio.

La residencia de la familia Aguilar y de Bustamante se localizaba en la esquina sureste de la Plaza de Armas de San Salvador (hoy Parque Libertad), donde después fueron construidos, en forma sucesiva, el Palacio del Ejecutivo (llamado Casa Blanca, 1866) y los cines Popular y Libertad.

El 11 de febrero de 1755, Nicolás ingresó como estudiante en el afamado colegio de San Francisco de Borja (Antigua Guatemala). Recibidas las órdenes respectivas como capellán (15 de marzo de 1767) y presbítero (4 de abril de 1767), fue nombrado cura de Olocuilta (16 de abril de 1767) y luego de San Salvador (Iglesia Parroquial o del Sagrario), puesto logrado tras intenso concurso con otros presbíteros.

Aunque de avanzada edad, tomó parte activa en la gesta libertaria del 5 de noviembre de 1811. Fracasado el movimiento emancipador, Nicolás fue sometido a riguroso y humillante espionaje por parte de las autoridades españolas.

Luego del segundo intento insurreccional de enero de 1814, se le redobló la vigilancia. A él y a su hermano Vicente, que ya para esos momentos se encontraba ciego, se les confinó en su hacienda familiar “Toma de agua” (Quezaltepeque), a partir del 2 de abril de 1814.

Por decreto del arzobispo guatemalteco, a Nicolás se le suspendió en sus labores como cura y se le remitió prisionero a Guatemala, encarcelamiento que duró de junio a agosto de 1814. De vuelta en su encierro domiciliar, trabajó junto a su hermano para obtener jurídicamente por su libertad, la cual les fue concedida por indulto en febrero de 1818.

Aunque no hay datos históricos fehacientes, se supone que Nicolás Aguilar falleció en su hacienda de reclusión, el 12 de septiembre de 1818, y que fue enterrado en una fosa abierta en el interior de la última Iglesia Parroquial de San Salvador (hoy Iglesia del Rosario).

Como homenaje a él y a sus hermanos próceres, un errado decreto legislativo del 23 de junio de 1932 ordenó que los cantones La Toma, Las Tunas, Santa Lucía, Pishishapa, Piñalitos, Los Mangos, La Florida y El Llano fueran segregados del pueblo de El Paisnal, al norte del departamento de San Salvador, y que con ellos fuera fundado el pueblo de Aguilares, que después llegó a ser villa (30 de septiembre de 1946) y ciudad (25 de diciembre de 1971).

martes, 10 de septiembre de 2013

PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA CENTROAMERICANA. GENERAL MANUEL JOSÉ ARCE


Manuel José Arce nace en San Salvador en el año de 1786 y muere un 14 de diciembre de 1847. Siendo sus padres don Bernardo José Arce y doña Antonia Fagoaga. Esta era una de las familias más predominantes de la época. Siendo además unas de las mas interesadas familias por la libertad absoluta y la causa de la Independencia. La influencia de las nuevas ideas se hizo presente en la Provincia salvadoreña, Arce siempre busca adquirir una mayor preponderancia.
Don Manuel José Arce, desde muy joven siempre cultivo las buenas costumbres de la época. Su educación la obtuvo en Guatemala, gracias a una beca otorgada por FernandoVII. Pero también en su carácter llevaba la firmeza y la audacia del siglo en que vivía.
Arce fue sin lugar a dudas uno de los principales conspiradores del Primer Grito de Independencia de 1811, que depusieron al intendente de San Salvador, Gutiérrez de Ulloa.
Esta primera voz de libertad hubiera sido un éxito como dice Gavidia; “si el pueblo, si el mismo pueblo que se trataba de libertar, no hubiera sido el más insensato enemigo de sus propios libertadores.
Ya se puede concebir qué flamante República iban á fundar nuestros ilustres padres en un pueblo que recibe con aclamación á don José de Aycinena y al padre Vidaurre que vienen a condenar la libertad y a aherrojar (someter) a los libertadores”.
Los sublevados fueron; Manuel José Arce, Nicolás Aguilar, Manuel Aguilar, Vicente Aguilar, Juan Manuel Rodríguez y el doctor Celis.
Arce es declarado autor del hecho y líder de los sediciosos, ante estas acusaciones, éste guarda silencio de noble entereza, a pesar de las amenazas y ofrecimientos de libertad. Arce es condenado a prisión y sale un año despúes de los hechos. Sus ideales libertarios no se han ido y de nuevo se une al levantamiento de 1814, el cual lo llevó de nuevo a la cárcel.
Pasaron seis años, para luego incorporarse al movimiento de 1821, en donde Arce corona su ideal al firmarse el Acta del 15 de Septiembre de 1821. La cárcel ya era para este patriota algo cotidiano, una vez realizadas las elecciones para la elección de la Junta Provincial, produjo un choque entre liberales y conservadores de San Salvador, por lo que de nuevo Arce es enviado a prisión, de orden del doctor Barrierre, quien por miedo a los sucesos determina que no hubieran ni elecciones y ni Junta Provincial.
El doctor José Matías Delgado, es nombrado pacificador ante los acontecimientos y dispone poner en libertad a Manuel José Arce, quien de inmediato pasa a formar parte de la Junta Provincial.
Arce, va a ser desde su mismo nacimiento la luz de la libertad de los pueblos centroamericanos. Y es que una vez lograda la independencia de Centroamérica del Imperio español, las sombras malignas de los imperialistas no se han dado por vencido. Agustín Iturbide emperador de México, anexa a las Provincias de Centroamérica como parte de su imperio, con el beneplácito de algunas provincias, San Salvador iba ser la rebelde que se opondría ante tal atropello.
En el año de 1822, va a hacer trascendental para la historia patria, cuando Guatemala invade a El Salvador, ya que es la primera derrota de los invasores en el campo del Espinal, donde el patriota Arce derrota completamente las fuerzas de Abos Padilla.
En la historia de la humanidad no siempre el final de los grandes hombres es pacífico, quienes con su luz han señalado los destinos de los pueblos. A pesar que la ingratitud humana es inmensa, generalmente al final reflexiona y los acompaña en la hora de la última prueba.
Los Centroamericanos lamentablemente a partir de nuestra independencia de 1821 a la fecha, hemos presenciado la muerte de innumerables hijos meritísimos e excelsos representantes, a quienes condenamos al olvido y a la reprochable indiferencia, por el solo hecho de haber sido diferentes. Uno de ellos, el ilustre General Don Manuel José Arce, quien muere rodeado de unos pocos amigos, especialmente de la familia Paredes, ignorado de su pueblo y amargado bajo el peso de la miseria, quien sirvió a la Patria por más de treinta años y sacrifico en aras de su libertad el patrimonio, que con tanto sacrifico había forjado.
El 14 de diciembre de 1847, "a las tres de la tarde - dice la Necrología publicada en la "Gaceta"-, murió en esta capital el señor D. Manuel José Arce, uno de los salvadoreños más notables en la historia de nuestra Independencia y de los primeros días de nuestra libertad".
"Sus funerales -agrega- se celebraron en la iglesia de San Francisco con la solemnidad posible, y fue sepultado su cadáver en la de La Merced. Una numerosa y lucida concurrencia acompañó el féretro.
Concurrió el señor Presidente Dr. Eugenio Aguilar, sus ministros y demás empleados públicos y se le hicieron los honores militares correspondientes a su grado".
A juicio del historiador nicaragüense Dr. Modesto Barrios en un estudio que publicó en 1903, relata en estos términos el fallecimiento del prócer Arce en casa del general Fermín Paredes:
"Allí – dice -, cerca del puente de La Vega, a orillas del humilde Acelhuate, un tiempo bullicioso y cristalino arroyo, en cuyas aguas la graciosa indígena contemplaba la imagen de su morena y rojiza faz, y hoy, turbia, sucia y silenciosa corriente, álzase una casa, también humilde y solitaria.
La pobreza la había tocado con su descarnada mano; no había para qué buscar en ella visitantes. Sin embargo, dentro de ella estaba quien fue promotor de la Independencia, pacificador de Nicaragua, esforzado defensor de esta plaza de San Salvador contra Arzú y contra Filísola, y primer Presidente de Centro América; quien gozó muchos y muy merecidos honores; y quien tuvo numerosos amigos, y no escasos bienes de fortuna; y obligó a muchas gentes con mercedes y dádivas.
Allí estaba don Manuel José Arce viviendo del cariño y de la generosidad de esas mujeres del mercado, de inextinguible ardor patriótico, y de gratitud que no marchita ni abate el viento de la desgracia. Allí, a las 3 de la tarde del 14 de diciembre de 1847 expiraba abandonado, olvidado de sus demás conciudadanos. Estaban presentes en la hora fatal, el general Fermín Paredes, sus hermanos Angel María, Policarpo, José María y Agustín del mismo apellido, su sobrino Fermín y don Francisco Navas.
Para uno de nuestros próceres, para un grande y generoso con todos, silencio, abandono, olvido. He aquí la suerte de muchos hombres ilustres".
El sepelio de Arce, se da el día siguiente en la tarde del 15 de diciembre de 1847, después de las honras fúnebres que tuvieron efecto en la iglesia de San Francisco, salió el féretro rumbo a la iglesia de Nuestra Señora de la Merced.
Después de haberse hecho los honores militares correspondientes a su alto grado castrense, sus restos fueron inhumados en el ala derecha de la iglesia de La Merced.
Finalmente, y por gestiones de la Fuerza Armada de El Salvador y el Lic. Pedro Escalante Arce, descendiente del Sr. Gral. Manuel José Arce, se exhuman los restos en la iglesia de la Merced y son trasladados a su último sitial de honor al “Monumento Conmemorativo de los Próceres Salvadoreños de la Independencia Centroamericana”, el cual posee una pared de hornacina en donde en el centro de la pared se encuentran 10 nichos funerarios y en el nicho del centro de izquierda a derecha se encuentran sus restos. Dicho monumento se ubica en las instalaciones del cuartel el zapote, hoy Museo Militar, en el Barrio San Jacinto.

lunes, 9 de septiembre de 2013

PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA CENTROAMERICANA. MANUEL AGUILAR Y BUSTAMANTE

El Presbítero Manuel Aguilar y Bustamante (San Salvador, 26 de junio de 1750-Antigua Guatemala, 25 de mayo de 1819) fue un eclesiástico salvadoreño que participó en los movimientos independentistas de 1811 y 1814, por lo que se le considera uno de los Próceres de la Independencia de El Salvador. 
Fue uno de los hijos menores de Isabel de Bustamante y Nava y del capitán Manuel Aguilar y de León primo hermano del presbítero y doctor José Matías Delgado. 
Además de los otros dos futuros sacerdotes y próceres independentistas, Nicolás y Vicente, este matrimonio también fue el origen de Ana Petrona y Mónica, quienes años más tarde contrajeron respectivas nupcias con Domingo Antonio de Lara y Mongrovejo y Francisco Durán. 
La residencia de la familia Aguilar y de Bustamante se localizaba en la esquina sureste de la Plaza de Armas de San Salvador (hoy Parque Libertad). Tras la muerte de Manuel y en cumplimiento de su testamento, la casa fue traspasada a su primo, el presbítero Juan José de Arce. Después, pasó a manos estatales, por lo que en su predio fueron construidos, en forma sucesiva, el Palacio del Ejecutivo (llamado Casa Blanca, 1866) y los cines Popular y Libertad. 
En 1761, ingresó como estudiante en el afamado colegio de San Francisco de Borja (Antigua Guatemala) en 1761 y se bachilleró en Filosofía el 17 de febrero de 1772. Recibió su tonsura y las órdenes menores del Colegio Tridentino en la iglesia del convento de Capuchinas. El 13 de marzo de 1776 recibió los grados de exorcitado y acolitado, para después obtener el subdiaconado (20 de septiembre de 1776), diaconado (sábado 4 de abril de 1778, en la iglesia del convento de la Concepción) y presbiteriado (13 de junio de 1778, con ceremonia en la iglesia del convento de Santa Catalina). Después fungiría como encargado del curato de Zacatecoluca. 
Se desempeñó durante años como catedrático de Filosofía y Cánones en el Seminario Tridentino de Antigua Guatemala. Aquejado por grave enfermedad en septiembre de 1788, al mes siguiente retornó a San Salvador y acompañó a su sobrino Mariano Antonio de Lara en la rectoría de la Parroquia de Santa Lucía Zacatecoluca (1790-1801). Después, ejerció el curato en esta población desde junio de 1803 hasta mediados de 1808, cuando fue nombrado rector de su antiguo colegio guatemalteco. En 1809, fue designado capellán del convento de las Carmelitas. 

Aunque de avanzadas edades, con sus hermanos tomó parte activa en la gesta libertaria del 5 de noviembre de 1811. Fracasado el movimiento emancipador, fue encarcelado desde octubre de 1811 hasta el 4 de marzo de 1813. Luego del segundo intento insurreccional de enero de 1814, escapó de San Salvador en la noche del 2 de marzo y una semana más tarde, al llegar a la antigua ciudad capital de la Capitanía General, se le ordenó reconcentrarse y fue reducido a prisión en el hospital de San Pedro y en el Colegio de Cristo. 
Muerte 
Pasó sus últimos años en la ciudad de Antigua Guatemala, en la casa de María Antonia Córdoba de Brito, una amiga de sus hermanas. Ante los oficios del escribano José Inocente Calderón de la Barca firmó su testamento el 6 de febrero de 1819 y lo enmendó y renovó el 4 de marzo del mismo año. Falleció a las trece horas del sábado 25 de mayo de 1819 y fue sepultado en la tarde del día siguiente, en una ahora olvidada tumba de la Parroquia de San Sebastián. 
Homenaje Póstumo 
Como homenaje a él y a sus hermanos próceres, un decreto legislativo del 23 de junio de 1932 ordenó que los cantones La Toma, Las Tunas, Santa Lucía, Pishishapa, Piñalitos, Los Mangos, La Florida y El Llano fueran segregados del pueblo de El Paisnal, al norte del departamento de San Salvador, y que con ellos fuera fundado el pueblo de Aguilares, que después llegó a ser villa (30 de septiembre de 1946) y ciudad (25 de diciembre de 1971).

jueves, 11 de julio de 2013

CÁPSULA CULTURAL # 4. JUSTO ARMAS O MAXIMILIANO DE HASBURG.

Justo Armas o Maximiliano de Hasburg


La primera certeza de la estadía de Armas en El Salvador se sitúa en 1871, cuando participó en una donación de dinero para las fiestas patronales de San Salvador, apenas unos cuatro años después del supuesto fusilamiento del emperador Maximiliano. Durante los primeros años en este país, fue acogido por familias pudientes de la época, especialmente por el vicepresidente Gregorio Arbizú.
Justo Armas fue apreciado por ser una persona culta, a pesar de haber llegado al país descalzo, particularidad por la que sería siempre recordado. Según se sabe, el andar de esta manera se debía –según sus palabras- para cumplir una promesa a la Virgen del Carmen por haberlo ayudado a salir de un momento de peligro de muerte. Prometió además no revelar nunca su verdadera identidad.
A través de los años manejó un negocio de alquileres. Según Pachita Tennant Mejía de Pike, quien lo conoció cuando era todavía una niña en San Salvador, tenía además un negocio de atender fiestas o catering. «La vajilla», que ofrecía era de porcelana de Sèvres. Las copas eran de bacaratt, las sillas eran doradas al estilo del Imperio Austro-Húngaro y se dice que era un pariente muy allegado, si no es que el hermano del Emperador Francisco José de Austria, a quien se parecía enormemente. También daba clases de social graces y de protocolo, recién llegado a San Salvador. Sus modales eran sumamente aristocráticos, lo mismo que su manera de hablar alemán, hasta el punto de que en una ocasión vino una comisión de la Casa de Austria, quienes declararon en los periódicos, que el habla de don Justo, era como de alguien que pertenecía a la realeza o a la corte.
Cuando murió, su gran amigo y confesor, Monseñor Belloso, arzobispo de San Salvador, expresó:
-¡Ha muerto un santo y un gran personaje!
Los últimos años, los vivió en la casa de la familia Arbizú, quienes fueron sus herederos.
Su origen sigue siendo un enigma, una verdadera incógnita y sobre él se ha escrito mucho.
Rolando Deneke, quien ha sido un gran estudioso, experto en la vida de don Justo y ha estado varias veces en Austria para investigar sobre su vida y recopilar datos, decía que no le cabe duda de que don Justo era alguien muy de la familia imperial austríaca, cosa de la que daba pruebas en sus conferencias.

La investigación

De ser un comentario cotidiano, ha pasado a convertirse en una investigación seria llevada a cabo por el arquitecto salvadoreño Rolando Déneke. Estas pesquisas han comenzado desde la ejecución de Maximiliano por órdenes del tribunal republicano. Al parecer no hay registros fidedignos de este suceso, aparte de la historia oficial de que fue ejecutado en el Cerro de las Campanas en 1867. Según una hipótesis ordinaria, Maximiliano habría sido perdonado al ser parte de la Logia Masónica como lo era Juárez, añadido a las peticiones internacionales para su indulto . El derrocado emperador buscaría después de esto al General Gerardo Barrios -también masón, aunque fusilado en 1865-, en El Salvador. Asimismo, la madre del supuesto fusilado no reconoció el cadáver enviado ante su presencia como el de su hijo Maximiliano.
Aparte de estas revelaciones, se dice que ha habido pruebas científicas para tratar de llegar a la conclusión que Justo Armas y Maximiliano de Austria eran la misma persona, entre ellas exámenes cráneo-faciales, pruebas grafotécnicas y estudio de objetos personales. Y, principalmente, la prueba definitiva por medio del ADN.
Singular indicio, acaso el único, son unas supuestas líneas de un pasquín informativo de Benito Juárez que Déneke encontró en un libro  : «“ El archiduque Fernando Maximiliano José de Austria fue hecho justo por las armas el 19 de junio de 1867…”»
Sin embargo, esta leyenda piadosa quedó plenamente refutada por el hecho de que el Emperador de México nunca fue masón, pues según testimonia un oficial alemán republicano, masón también, le extendió en su celda todas las señales para identificarse como tal y poder auxiliarlo, viendo como Maximiliano I no entendió ninguna ni se percató de las mismas, que son inconfundibles entre los adeptos a esta secta.
En este sentido, el mito parece desbaratarse ante las publicaciones del historiador Konrad Ratz, aunado a las referencias de Enrique Sada Sandoval, quien incluso refiere que personaje histórico pudo haber sido realmente el legendario Justo Armas.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Justo_Armas.